miércoles, 8 de octubre de 2008

Un maestro

Si bien no se trata de un miembro de la Joven Guardia, las palabras que nos brindó y brinda Guillermo Saccomano con su profunda y fuerte prosa acerca de nuestra historia. Acá va una entrevista que intenta revelar la psiquis de su última novela titulada "77".


Fue creativo publicitario, libretista de historietas muy prestigiosas y guionista de cine antes de asomarse a la literatura. En 1984 publicó su primera novela, Prohibido escupir sangre y en adelante se sobrevinieron una gran cantidad de textos acerca de la cotidianeidad o vida normal, como la definen algunos de sus personajes, quienes se encuentran sumergidos en diversos contextos políticos y sociales de la Argentina del siglo XX.
Se destacan Situación de peligro, Bajo bandera, Animales domésticos, La indiferencia del mundo, El amor argentino y El pibe. Fue ganador del Primero y Segundo Premio Municipal de Cuento, del Premio Revista Crisis de Narrativa Latinoamericana y del Premio Club de los XIII. En el año 2001 le fue otorgado el Premio Nacional de Novela por El buen dolor.
77 es el último libro de la trilogía que arrancó con La Lengua del malón en el 2003 y que siguió con El amor argentino el año siguiente, y que emprende la narración de los sucesos argentinos desde el golpe de estado de 1955 a los años crueles de la década del 70.
Es una novela que enlaza distintas historias de vida, desde una pareja clandestina lésbica, un profesor homosexual que mantiene una relación con un policía torturador, hasta astrólogos, videntes e hijos de gorilas que participan de la lucha armada, pero que comparten estar atravesados por una realidad fundida en la desesperación, en el no saber, en el terror y en una desconfianza absoluta hacia el prójimo.
- ¿Por qué eligió empezar su libro con la frase de Violeta Parra: “Maldigo el vocablo amor con toda su porquería. Cuánto será mi dolor.”?
- Los jóvenes que se comprometieron en la militancia en esos años creían en una ideología solidaria, que pensaba de modo utópico una sociedad concebida desde el amor, una concepción si se quiere cristiana: justicia social, reparto de la riqueza, igualitarismo, solidaridad. Aún a pesar de las trampas de autoengaño que puede haber en una ideología de la bondad, se luchaba en nombre de una idea amorosa. La represión sangrienta que decretó el imperialismo norteamericano con sus socios locales en América Latina, el exterminio de los procesos de cambio, arrasó con estos intentos de cambio. Hombres, mujeres, chicos, pagaron con sus vidas una manera de comprender el amor y crear un mundo mejor .Pueden discutirse las estrategias, pero no la finalidad de estos proyectos de cambio. Estos versos de Parra, poeta esencial de estos años, aluden a la desdicha de la idealización del amor, refieren a un duelo .Por eso me parecen pertinentes para abrir mi novela “77”.
- Sus libros parecen evocar siempre una relación ineludible entre el arte y la política, ¿qué piensa usted?
- El enfoque político no es el único que admite una obra. Hay otras lecturas. Pero la política es indisoluble de la escritura. Aún cuando algunos puedan negarlo, hacerse los distraídos. No hay otra aproximación más fértil a una obra que no sea contextualizándola, tendiendo los vínculos con el marco social que la produjo. Aún aquellos que piensan la escritura como acto gratuito, en esta actitud se lee una política. La teoría literaria, tal como la entiendo, es también teoría política.
- ¿Piensa que la literatura puede cambiar la realidad?
- Es demasiado pedirle tanto a la literatura. Contar una buena historia ya es bastante logro. Ahora, si esa historia además interpela a los lectores, no cambia la realidad, pero sí puede modificar su perspectiva, ponerle en duda certezas, cuestionarlas.
- ¿Por qué decidió contar esta historia?
- Desde los bombardeos del 55 hasta el presente, nuestra historia está atravesada por la violencia. Hay historias allí donde uno le entre. Y a mí me gusta contar historias. De esto se trata el oficio de narrar. Historias de coraje, de traición, de amor, de soledad. No son muchos más los temas de un escritor. Y todos laten en lo vivido. En la historia colectiva. Y, para un escritor, en lo personal. Escribo desde esta historia.
- ¿Por qué el profesor Goméz vuelve a escena? ¿Quién es Goméz?
- El profesor Gómez no vuelve. Siempre estuvo ahí, observando. Y desde el lugar más incómodo, desde su condición de cabecita negra, homosexual y profesor de literatura. Un tipo que las tiene todas en contra. Es cabecita negra, le gusta la literatura inglesa, pero simpatiza con el peronismo. También su condición de homosexual en una sociedad facha lo vuelve extranjero. Lo que me intrigan son sus contradicciones. Y allí donde empiezan sus contradicciones creo que hay una grieta para hacerse interrogantes sobre la intelectualidad argentina tensionada por una contradicción mayor: civilización/barbarie.
- Los personajes parecen mantener la postura de que los hombres de arte, en este caso los escritores, deben comprometerse con la realidad que les toca y plasmarla en sus obras, ¿usted qué opina?
- El compromiso es un hecho. Se lo admita o no. No comprometerse es también un compromiso.
- ¿Cómo surgió la inclusión del esoterismo en la historia?
- Siempre me interesó la intervención de la astrología en nuestra literatura. Hay un astrólogo en el Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal y otro en las novelas Los siete locos y Los lanzallamas de Roberto Arlt. El ocultismo tiene toda una tradición de intervenciones en nuestra literatura y llega hasta las novelas de Tomás Eloy Martínez La novela de Perón y Santa Evita. Por otro lado, cuando en una sociedad impera el terror, empieza el pánico. Y ante la angustia no es extraño el ingreso en el pensamiento mágico en lo cotidiano para justificar lo que se presume irracional. Entonces la apelación al ocultismo.
- Los personajes hablan de una vida normal, ¿considera qué hay una vida normal?
- La presunta vida normal de la que hablan los personajes de “77” es la rutina que intentan preservar como pueden bajo el dominio del terror. Su normalidad es una ironía en circunstancias anormales. Y alude a la necesidad de sobrevivir.
- ¿Cómo ve a la literatura nacional de este momento?
- Tengo la suerte de leer lo que escriben algunas amigas y amigos antes de que se publique, una suerte inmensa que es también que sean los mejores. No mucho más leo. Es que no tengo mucho más tiempo. A los sesenta años todavía no terminé todo Proust. Cuando pienso en lo que me falta leer hacia atrás, no vacilo, y corto camino: vuelvo a los orígenes. Trátese de Homero o de Sarmiento.

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